Si hay algo que define a The Legend of Shiande es su apuesta radical por revivir —y reinventar— el concepto del RPG por turnos de la vieja escuela. Desarrollado y publicado por Thales Caus, este título no busca simplemente entretener, sino desafiar al jugador hasta sacarlo de su zona de confort. La premisa es clara desde el principio: no es un juego para todos, sino para quienes están dispuestos a enfrentarse a lo que su creador describe sin rodeos como «el RPG por turnos más difícil de todos los tiempos». No hay modo fácil, no hay concesiones. Solo hay estrategia, paciencia y una sucesión de pantallas de Game Over que obligan a replantearse cada movimiento.
La historia de Shiande arranca con un planteamiento clásico de fantasía, pero con un giro deliberado: el protagonista no es un héroe predestinado, sino un humilde herrero elegido por un mago ancestral para salvar el mundo de una maldición que convierte a seres vivos en monstruos. Esta elección narrativa no es casual. Shiande no parte con ventajas; su única herramienta es su martillo, su ingenio y una voluntad a prueba de fracasos. El mensaje es directo: si el juego fuera sobre habilidades innatas o grinding fácil, la leyenda no tendría peso. Aquí, el éxito depende exclusivamente de la capacidad del jugador para analizar, adaptarse y superar sistemas diseñados para castigar el más mínimo error. No es un juego sobre vencer, sino sobre merecer la victoria.
Un diseño que castiga la improvisación
Lo que realmente distingue a The Legend of Shiande es cómo sus mecánicas refuerzan esa filosofía de dificultad extrema. El combate por turnos, lejos de ser un intercambio de golpes predecible, se convierte en un duelo táctico donde cada enemigo —especialmente los denominados Thinking Monsters— actúa con una inteligencia artificial que oscila entre cinco niveles. Los enemigos de nivel superior no solo tienen más vida o daño; analizan debilidades, ejecutan combos letales y priorizan objetivos estratégicos, como atacar al aliado más vulnerable. Esto transforma cada encuentro en algo más cercano a una partida de ajedrez que a un RPG tradicional, donde la victoria depende de anticipar movimientos y explotar patrones.
De hecho, la ficha de Steam es toda una declaración de intenciones en el juego:
Este es un juego de rol diseñado para desafiar tu mente y sacarte completamente de tu zona de confort. Aquí, te pondrán a prueba en todos los sentidos: razonamiento lógico, estrategia, paciencia, toma de decisiones y mucho más. Si te encantan los desafíos, estás en el lugar indicado. Sin embargo, si buscas algo casual, este juego puede no ser para ti. No hay «modo fácil». Solo determinación y mucho «Game Over».
Pero el desafío no termina ahí. El juego limita drásticamente los recursos de curación: no hay pociones en las tiendas, y los pocos ítems disponibles deben encontrarse explorando con cuidado. Incluso el sistema de guardado está diseñado para generar tensión. Los Cristales, que permiten salvar la partida y recuperar la salud una sola vez, obligan al jugador a decidir cuándo es el momento óptimo para usarlos, ya que no volverán a ofrecer la misma ventaja. Y si eso no fuera suficiente, el Save Menu —la única forma de guardar en cualquier momento— es un objeto extremadamente raro, obtenible solo tras recolectar cristales ocultos. Cada decisión, desde cuándo guardar hasta cómo gastar una poción, se convierte en parte de la estrategia.
De hecho, sus creadores se han esforzado mucho, muchísmo en que la IA de los enemigos pueda ser muy puteante para el usuario.
Una estética retro con herramientas modernas
Visualmente, The Legend of Shiande bebe de la estética old-school, con un estilo que evoca los RPG clásicos de 16 bits, donde el pixel art y los diseños funcionales primaban sobre el realismo. Sin embargo, lo más interesante es cómo el desarrollador ha utilizado herramientas de IA para optimizar aspectos secundarios, como la generación de scripts o la traducción, permitiéndole centrarse en lo esencial: afinar la inteligencia artificial de los enemigos y el equilibrio de los sistemas de juego. Thales Caus deja claro que, aunque la IA ayudó en tareas periféricas, cada elemento fue revisado y ajustado manualmente para asegurar que la dificultad fuera intencional, no un subproducto de limitaciones técnicas. Eso si, los diseños y sprites son muy (bastante) mejorables.
El juego también incluye un sistema de Bestiario que premia la exploración y el estudio de los enemigos. Desbloquear información detallada sobre cada criatura no solo enriquece el lore, sino que es crucial para entender sus patrones de IA en combate. Esto añade una capa adicional de profundidad, donde el conocimiento se convierte en una herramienta tan valiosa como una espada. Sin embargo, el desarrollador advierte: Shiande no es un juego para maratonear. Su intensidad mental exige sesiones cortas y reflexivas, bajo riesgo de agotamiento. No es casualidad que recomiende abordarlo «un capítulo a la vez», como si se tratara de un ejercicio de paciencia más que de un pasatiempo.
Me ha encantado la banda sonora, que me recuerda a muchos juegos de mi extinta MegaDrive.
¿Merece la pena jugarlo?
The Legend of Shiande no es un RPG al uso, sino una experiencia diseñada para un nicho muy concreto: jugadores que buscan un desafío cerebral, donde la satisfacción no viene de la acción, sino de resolver puzles tácticos bajo presión. Quienes disfruten de títulos como Battle Brothers o los modos de dificultad más altos en los T-RPGs encontrarán aquí un terreno familiar. Pero también es un juego que, por su propia naturaleza, excluye a quienes prefieren narrativas fluidas o mecánicas accesibles. Como advierte su creador, «si buscas algo casual, esto no es para ti«.
Lo que ofrece, en cambio, es una propuesta coherente y sin concesiones: un mundo donde cada victoria se gana con esfuerzo, donde el error se paga caro y donde la verdadera recompensa no es el final de la historia, sino el dominio de sus sistemas. En un panorama donde muchos juegos priorizan la accesibilidad, Shiande se planta como un recordatorio de que, a veces, el verdadero placer está en la dificultad superada.
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